Forma y función
Exposición individual en Di Gallery, Sevilla, 2026







Los grabadores
Exposición individual en la Fundación Antonio Gala, Córdoba, 2025
En esta serie descubrimos dos variaciones de los rastros que los esca- rabajos barrenillos dejan sobre la madera.
Podemos imaginar un grupo de larvas, nacidas en el corazón del mis- mo árbol muerto. Pacientemente, cada una abre con la boca su propio camino: lentas galerías que se despliegan paralelas y radiales, como si evitaran rozarse, obedeciendo un orden invisible.
Los egipcios veían a los escarabajos como un símbolo de resurrección: la vuelta a la vida de lo muerto. En el interior del bosque, así es. Estos diminutos arquitectos transforman la madera muerta en humus, sos- teniendo la continuidad del ecosistema. Lo que muere se convierte en alimento para lo que nace.
En los bosques cultivados para la industria maderera, los barrenillos atacan la madera joven, árboles plantados por la mano humana, desti- nados a la tala. Al hallar las señales, el agricultor coloca trampas, ani- quila a las larvas y lamenta la madera perdida. Para él, estos insectos son solo una plaga, un inconveniente que erradicar antes de que se convierta en un desastre económico.
Nunca se detendrá a observar los delicados dibujos de los escarabajos.

Barrenillo sobre madera I, óleo sobre lino, 100×100 cm.

Instalación cerámica

Los minadores avanzan por el interior de la hoja dejando finas estelas. Son larvas de mosca, polilla, escarabajo, que han nacido en ese territorio verde del que solo conocen dos matices: el luminoso, cuando la luz atraviesa la celulosa, y el oscuro, cuando cae la noche. Habitan allí, encerradas entre dos pieles, y obedecen un único impulso: comer, que para ellas es sinónimo de avanzar. Avanzar, comer y dibujar.
A través de la translúcida membrana se adivinan sus rastros, mapas a escala 1:1, sinuosos como el cauce de un río. Los dibujos que trazan sobre la celulosa son la firma única de cada especie: los caminos de ciertas polillas se entrelazan hasta formar diminutas tiendas de campaña; los de las moscas se ensanchan a medida que crece su estómago; los mordiscos de los gorgojos son voraces, perforan la membrana y dejan entrever el cielo.
Barrenillo sobre madera II, óleo sobre lino, 73×60 cm.

Minadores I, óleo sobre tabla entelada en lino, 20×20 cm.

Vaina, óleo sobre tabla, 50×40 cm, 2025

Esferulita I, óleo sobre tabla, 40×35 cm.

Esferulita II, óleo sobre tabla, 40×35 cm.

Esferulita III, óleo sobre tabla, 40×35 cm.

Los manantiales cantan
Exposición dual junto a Agus Díaz Vázquez en Di Gallery, Sevilla, 2024


S/t, óleo sobre tabla, 40×35 cm.

S/t, óleo sobre tabla, 40×35 cm.

Receta para un guaje, óleo sobre tabla, 120×120 cm.

Nido, óleo sobre tabla, 40×35 cm.

Caracol, óleo sobre tabla, 40×50 cm.

Vista de sala, Di Gallery.


S/t, óleo sobre tabla, 35×40 cm.
Barocoria
Exposición individual en The Curators Room, Barcelona, 2023

Anatomía de un caracol, óleo sobre lino, 150×150 cm.


Semillas de Acacia dealbata cayendo, óleo sobre lino, 150×150 cm.

Vista de sala, The Curators Room, Barcelona.

Barocoria, óleo sobre lino, 150×150 cm.

Vista de sala, The Curators Room, Barcelona.

Vista de sala, The Curators Room, Barcelona.

Pie, óleo sobre lino, 150×150 cm.

Vista de sala, The Curators Room, Barcelona.

La nuez de oro, óleo sobre lino, 150×150 cm.

Vista de sala, The Curators Room, Barcelona.

Vista de sala, The Curators Room, Barcelona.

Vista de sala, The Curators Room, Barcelona.


La manzana y el gusano, óleo sobre lino, 150×150 cm.


Mariposa sobre hoja, óleo sobre lino, 150×150 cm.
Un arbusto es un árbol para jugar al escondite

Dos luceros, óleo sobre tabla, 120 x 120 cm.

Vista de sala, Di Gallery.















